Historia

La ermita del Santo Cristo de las Cadenas –hoy iglesia parroquial– se llamó primeramente del Cristo del Aspra o de Laspra por estar emplazado su santuario en Laspra (antaño La Aspra, Aspera y Adspera), una pétrea colina de Oviedo que se convirtió en entidad de población y que durante los siglos XV y XVI fue muy conocida entre los ovetenses al ser, con la vecina Piedramuelle, el lugar donde se hallaban las canteras que proporcionaron la piedra necesaria para construir la Catedral. Con ese nombre iba a ser conocida, según varias fuentes documentales, hasta el siglo XIX, sabiéndose que en la primera mitad de esta centuria era muy visitado el Cristo y que su romería –el 14 de septiembre– rivalizaba y casi superaba a la del Cristo de Santullano; romería que hace bastante tiempo fue trasladada al domingo siguiente de San Mateo, cuya festividad se celebra el 21 de septiembre.


La ermita fue destruida durante el sitio de Oviedo (guerra civil española). Reconstruida luego, se inauguró en octubre de 1947, fecha también de la entronización de la nueva talla del Cristo de las Cadenas –que actualmente es sacada todos los años en procesión–, sustituta de la anterior, quemada, cuyos restos habían desaparecido. En 1890 la ermita había sido reedificada en estilo ojival, según planos del arquitecto La Guardia y con las donaciones de los devotos.


Según cuenta J. Tolivar Faes en su libro Nombres y cosas de las calles de Oviedo, son varias las leyendas «que tratan de suplir el oscuro origen de esa advocación (Cristo de las Cadenas). Un soldado que arrastra cadenas, prisionero del turco; una novia enamorada que les espera, un rosal que revela la suerte del cautivo... [...] Una de las más bellas versiones es el romance de El Rosal y las Cadenas que a principios del siglo publicó D. Fermín Canella a beneficio del Asilo del Fresno»